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  • Capitán Martínez

El traje nuevo del emperador

Actualizado: 30 de jul de 2019

Keiserens nye Klæder, publicado en 1837, es también conocido como El rey desnudo. Al parecer está basado en otro cuento del infante Don Juan Manuel, recogido en el libro ejemplarizante El Conde Lucanor. En este famoso cuento Andersen, nos advierte de que "no tiene por qué ser verdad lo que todo el mundo piensa que es verdad" y de que "no hay preguntas estúpidas".


La historia de un chiquillo destrozando las pretensiones de un poderoso rey tiene paralelos en muchas culturas. Personalmente me recuerda a la historia de David y Goliath, donde un chiquillo mata a un gigante con un arma muy sencilla. Interesante concepto para los que queremos cambiar el orden imperante de la Hidra, del Gran Hermano. Este cuento también se usa en referencia a la «verdad a través de los ojos de un niño».


Ilustración de Cyril Bouda, 1956

"El traje nuevo del emperador" o "El emperador va desnudo" son expresiones que se usan a menudo en alusión al cuento de Andersen, como metáfora que indica una situación en la que la mayoría de la gente está de acuerdo en algo que para cualquier observador neutral (un niño sin prejuicios y sin miedo a decir la verdad) obviamente sería una desfachatez. Esta situación se produce frecuentemente en el mundo del arte contemporáneo, donde una élite intelectual impone el gusto o criterios estéticos o conceptuales imperantes. Cualquier observador que no esté de acuerdo es denostado y ridiculizado, por lo que nadie se atreve a decir que la obra de arte o idea en cuestión, presentada como el paradigma de lo más, es una auténtica basura o tomadura de pelo. Pero este tipo de situaciones no son exclusivas en los círculos artísticos, culinarios o musicales, sino que se dan habitualmente en cualquier ámbito, como la política, la ética o la espiritualidad.


Una metáfora de una situación opuesta, en la que cada individuo insiste en su propuesta a pesar de las evidencias de los demás, puede encontrarse en la historia de Los ciegos y el elefante. Originaria de la India, esta metáfora a menudo es utilizada para ilustrar la incapacidad del hombre para conocer la totalidad de la realidad [...] se ha usado para expresar la relatividad, la opacidad o la naturaleza inexpresable de la verdad, [...] falta de acceso a la información, la necesidad de comunicación, y el respeto por perspectivas diferentes. Cuidado con estas interpretaciones tipo "no nos peleemos, todos tenemos razón, todos tenemos una parte de la verdad". En este cuento hindú, los ciegos palpaban diferentes partes del elefante, pensando que era como una pared (la tripa), una árbol (las patas), una lanza (los colmillos), una cuerda (la cola) o un abanico (las orejas). Está claro que hay que intentar tener toda la información para poder llegar a la Verdad. Pero no hay que olvidar que la verdad no es relativa, recordemos que por mucho que lo deseemos el elefante nunca va a ser una girafa, una gallina o un unicornio. En el futuro trataremos el peligro que supone el relativismo moral o solipsismo.


Volviendo al cuento Andersen, vemos que los espectadores individualmente reconocían lo absurdo de la situación y sólo cuando el niño habla, el resto del público empieza a estar de acuerdo. Es un final feliz propio de muchos cuentos moralizantes; tristemente en la vida real, las masas no sólo dicen ver el inexistente traje, sino que realmente están convencidas de verlo y lo viven como algo muy real en su cerebro. Cualquier prueba que ponga en duda su realidad será ignorada, rechazada o cuestionada. Véase el interesantísimo fenómeno de la llamada disonancia cognitiva. Además de ser perezosos a la hora de revisar nuestras creencias y actualizarlas en base a las evidencias que van apareciendo, tenemos miedo a ser tontos, ignorantes, a no estar a la altura intelectual o ética marcada por una élite, o a discrepar con lo impuesto como verdad científica o histórica. No queremos ser malvados opresores, perversos tiranos, miembros del club de los indeseables. Los habilidosos farsantes tejedores nos dicen que las telas serán “invisibles a toda persona que no sea apta para su cargo o que fuera estúpida”. De esta manera se nos pone delante lo que debemos pensar, creer, sentir. “Si no apoyas esto es que eres malo”, “Si no piensas así es que eres tonto”. En esta época de pensamiento único, corrección política, en esta época de la MENTIRA y el engaño, debemos ser más niños que nunca. Hay que decir bien alto “¡EL EMPERADOR ESTÁ DESNUDO!” Pero hay que entender que muchos espectadores del desfile no sólo no nos van a creer, sino que nos van a atacar, se van a indignar y van a llamarnos tontos y ciegos a los que les señalemos lo evidente. Por eso, en vez de mencionar la desnudez del jerarca, tal vez sea mejor táctica hacer preguntas como "¿Ah, sí, entonces de qué color es la tela, cómo son los bordados esos tan bonitos que dices?". Seguramente veremos cómo el público comenzará a dar respuestas distintas, incongruentes unas con otras, aunque todos estén de acuerdo en que el traje es precioso. Se enfadarán muchísimo si decimos que no conseguimos ver el maravilloso traje, pero no por eso debemos cesar en nuestras preguntas u observaciones, sin enzarzarnos en discusiones absurdas sobre el color de la las sedas o la delicadeza de los bordados, o que si son galgos o podencos. “¡Uy, qué piernas más peludas tiene el Emperador!" o "¡Qué de lunares tiene en la espalda!" Esperemos que poco a poco la gente vaya abriendo los ojos, no nos preocupemos. Los que deberían estar preocupados son otros, los que no quieren que veamos la verdad 😉


Hablamos de este cuento en nuestro episodio 00

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Web: Contramaestre Teo Legrá   |   Arte: Capitán Martínez

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